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Sobre una relectura de "La ilustre fregona"

Sobre una relectura de

            La institución del buen enchufe en nuestra sociedad de hoy, hace tiempo que se sabe que es de suma importancia  al prepararse un  camino de éxito en la vida. Guste o no, va muchas veces acompañado, mano a mano, de cierto aire de corrupción en los negocios, y sabemos, por las muchas voces que se elevan, que tal corrupción se encuentra entre las raíces del actual malestar social.

            Hay quienes afirman que Miguel de Cervantes, hacia los últimos días de su vida, se conformó  con los argumentos a favor del espíritu contrarreformista y del  imperialismo de carácter católico de la España de principios del siglo XVII. Otros, sin embargo, sugieren que, al contrario, Cervantes, hacia el fin de sus días, quería criticar al establishment español y, con su acostumbrada ironía, poner por delante lo que pudieran ser las prácticas corruptas y enchufistas de aquel Siglo de Oro decadente.

            En su Novela ejemplar “La Ilustre Fregona”, Cervantes parece que dirige un dedo acusador a la facilidad con que uno podía alcanzar sus objetivos o sus deseos conociendo los buenos canales por los cuales había de atravesar. Avendaño (que lleva el pseudónimo de Tomás) y Carriazo son dos amigotes que van buscando la vida de pícaro y llegan a Toledo, donde uno de ellos se enamora de una fregona. Después de un incidente en que un aguador resulta herido, encontramos este pasaje:

...(El amo) consoló a Tomás, diciéndole que él tenía personas en Toledo de tal calidad, que valían mucho con la justicia, especialmente una señora monja, pariente del Corregidor, que le mandaba con el pie, y que una lavandera del monasterio de la tal monja tenía una hija muy familiar y conocido del confesor de la dicha monja; la cual lavandera lavaba la ropa en casa...

 --- Y como ésta pida a su hija, que sí pedirá, hable a la hermana del fraile, que hable a su hermano, que hable al confesor, y el confesor a la monja, y la monja guste de dar un billete (que será cosa fácil) para el Corregidor, donde le pida encarecidamente mire por el negocio de Tomás, sin duda alguna se podrá esperar buen suceso. Y esto ha de ser con tal que el aguador no muera, y con que no falte ungüento para untar a todos los ministros de la justicia; porque si no están untados, gruñen más que carretas de bueyes...

            Tal vez los laberintos del amiguismo fueran más complicados en los tiempos del autor del Quijote, pero la filosofía subyacente será la misma.

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